Escorpiones y Arena 2.0

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Escorpiones y Arena 2.0

Mensaje por Miwo94 el Mar Feb 21, 2017 10:21 pm



Se mantuvo impertérrita, con la espalda erguida, sentada al borde de una de los pequeños jardines dentro del palacio. Los murmullos eran audibles, aún cuando no había demasiados sirvientes a su alrededor, pero no podía distinguir las palabras por sobre el permanente siseo de las serpientes que rodeaban su cabeza. Desvió la vista un momento hacia uno de ellos, en una esquina de la habitación, y éste se volvió sobre sus talones, huyendo de allí. Sabía que la gente le temía normalmente, pero ahora con su cabello como estaba era mucho peor. Y no era para menos, sus largas hebras negras se habían convertido en al menos dos decenas de serpientes de cascabel, de brillantes escamas color carbón y penetrantes ojos dorados. Para su fortuna, eran más bien taimadas y se mantuvieron impasibles; no habían intentado morderla o estrangularla desde que habían aparecido hacía unas horas. La joven suspiró, cerrando los ojos, manteniendo las manos fuertemente apretadas sobre su regazo.

Podía imaginar porqué la habían convocado; también podía apostar que no era a la única a la que había llegado el papiro al mediodía. El intercambio que había tenido lugar entre el sacerdote de Seth y ella no habría pasado desapercibido para sus superiores y, por supuesto, tampoco iban a dejárselos pasar. Se maldijo por haber perdido la compostura tan fácilmente; ella no era así normalmente. Pero cuando se trataba de ese sujeto... Apretó los dientes con furia, concentrándose en respirar. Una voz interrumpió su tren de pensamiento.

-Nekhbet- abrió los ojos al reconocer la voz grave y tranquila del regente, dirigiéndole la mirada. Se puso de pie en un movimiento fluido, quedando junto a él, y bajó la cabeza en la acostumbrada reverencia. Las serpientes no parecieron muy felices con el movimiento y se removieron un poco, causando que el sacerdote se hiciera medio paso hacia atrás. -¿Él no vino?-

Respondió mientras intentaba apaciguar a los reptiles -No he visto al sacerdote Sekani- A pesar de la historia que pudieran tener entre ellos, ella era la menos de las sacerdotisas de la ciudad, y debía referirse a cada quien con su título, por mucho desprecio que le guardara. El regente, un hombre en sus tempranos treinta, suspiró y acomodó un mechón de cabello detrás de oreja, en un gesto de incordio y frustración que todos los demás sacerdotes conocían bien. -Debe estar por llegar- Agregó la joven sin pensar, de forma algo brusca. ¿Qué hacía tratando de cubrir a ese calvo desagradable? Se sintió ridícula y molesta consigo misma, jugando con una de las pesadas pulseras de oro en su muñeca izquierda por debajo de las mangas color uva. Sintió la mirada curiosa del regente sobre sí y deseó nunca haber abierto la boca, que comenzara lo que iba a ser un muy largo sermón y poder regresar a su templo, donde todavía tenía cosas por hacer.
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